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páramo y por qué es tan importante para ti, tu familia y todo el mundo |
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¿QUÉ ES EL PÁRAMO? Regresar
Miremos hacia las montañas
Cuando miras hacia las montañas, por ejemplo el Pichincha, el Imbabura o el
Altar, ¿qué ves? En algunas de las montañas notarás que la parte más elevada
tiene manchas blancas. Es la nieve. En países tropicales como el Ecuador, sólo
cae nieve en las cimas andinas. En algunos de los volcanes más elevados, como
el Chimborazo, el Cayambe y el Cotopaxi, la nieve llega a formar masas de hielo
gigantescas, llamadas glaciares. ¿Sabes dónde más se encuentran los glaciares?
También están en otras montañas del mundo, como en los Alpes en Europa, los
Himalayas en Asia y los montes del oriente de África, y en las áreas del
planeta cercanas a los polos.
La nieve y los glaciares
son el límite superior del páramo
Los glaciares avanzan y retroceden conforme el planeta se enfría o se
calienta. A lo largo de la larga historia de
Una de las principales consecuencias del terrible calentamiento global del
que tanto se habla en estos días, es que los glaciares se están derritiendo. Si
quieres saber más sobre el calentamiento global y sus consecuencias, mira el
documental “Una
Verdad Incómoda” o visita estas páginas:
·
Gráficos
que muestran la evolución de las temperaturas desde finales del siglo XIX NASA
(en inglés)
·
Nodo informativo sobre Cambio Climático (ONGs) - Información sobre Cambio Climático en Español
·
Cambio
Climático Global y Calentamiento Global - Análisis, datos, noticias y más
·
Calentamiento global e impacto en los mares
·
Críticas
al IPCC y al protocolo de Kyoto
·
El calentamiento Global: Efectos Biológicos
·
El
efecto invernadero y el clima
·
Stop Global Warming (texto en
inglés).
Plantas superduras en el
superpáramo
En estos sitios de hielo eterno no puede haber vida, pero un poco más abajo
ya hay algunas plantitas que viven entre las rocas. Éstas ya son las partes más
altas de los páramos. Se trata de plantas muy resistentes, que soportan un
suelo pedregoso y duro, mucho frío, poco oxígeno y unos rayos solares muy
fuertes al
La paradoja del Sol que
quema en el frío
¿Por qué hace frío acá arriba si estamos en la zona ecuatorial del planeta?
Porque la capa de aire que hay sobre nosotros en ese punto es muy delgada y no
puede retener el calor, que entra desde el espacio, rebota y sale. En las
partes más bajas, la capa gruesa de aire impide que el calor rebote al espacio,
y así se concentra y nos calienta.
Pero, al mismo tiempo, en el páramo los rayos solares queman mucho… Te vas
a dar cuenta d que tu nariz se pone roja muy pronto si la proteges… Esta
aparente paradoja se resuelve así: los rayos que calientan no se quedan porque
la capa de aire es delgada. Pero también porque esa capa de aire es delgada, no
funciona muy bien como filtro antisolar, de modo que los rayos que llegan a
nuestra piel nos queman más que en tierras bajas. En los páramos siempre debes
usar protector contra el Sol, incluso si hace mucho frío.
Ahora sí estamos en el
páramo
Si bajamos un poco más, veremos que la cantidad de plantas empieza a
aumentar. Todavía hace mucho frío, viento, y los rayos solares siguen quemando
nuestras narices y orejas mucho más rápido que en las tierras bajas. Pero el
suelo ya no es tan pedregoso, y ya se nota agua líquida corriendo por aquí y
por allá y formando pequeños pantanos y lagunas. La nieve sólo cae de vez en
cuando, aunque casi siempre está amenazando lluvia y hay mucha niebla. A
primera vista nos puede parecer que lo que más hay es paja. Efectivamente,
muchas plantas que se parecen un poco al trigo y que forman penachos de color
dorado, son las que dominan el paisaje. Estamos a unos
El páramo, mucho más que pajonal
Si ponemos atención nos daremos cuenta de que hay mucho más que pajonal en
el páramo. Entre la paja crece una cantidad de hierbitas que se protegen de las
inclemencias del tiempo escondidas en el pajonal. Además, hay arbustos con
flores de muchos colores y hasta podrás encontrar de vez en cuando un árbol; en
ciertos sitios incluso hallarás pequeños bosques.
Las plantas de los páramos están adaptadas a los climas extremos del
páramo, que se pueden describir con esta frase famosa: “invierno todas las
noches, verano todos los días”. Si haces una medición de la temperatura a lo
largo del año, verás que la variación a lo largo de los meses no es muy
notable. Tal vez habrá unos meses un poco más fríos y lluviosos y otros un poco
más secos y menos fríos, pero no más. Pero si haces la medición a lo largo
del día, te darás cuenta de que, como dice la frase, en la noche y
madrugada las temperaturas pueden bajar de cero, mientras que en el
Los frailejones de los
páramos norteños
En algunos páramos especiales, las plantas más visibles son diferentes a la
paja. En las provincias de Carchi y Sucumbíos, por ejemplo, los páramos son
famosos por que allí crecen por millones los frailejones. Estas son plantas muy
extrañas, con grandes hojas peludas (muy raras en las cumbres andinas, donde
las hojas casi siempre son pequeñas), y con un tallo que puede alcanzar varios
metros de altura, cubierto por un manto de hojas muertas que lo protegen del
frío. Estas plantas tienen muchas adaptaciones para soportar el clima extremo
del páramo. Incluso tienen un líquido dentro de sus cuerpos que actúa como el
anticongelante del radiador de los carros. Es que el agua del páramo, a pesar
de que generalmente es muy abundante, a menudo está tan fría que no puede ser
aprovechada por las plantas. ¡El frailejón tiene una adaptación hasta para eso!
Los frailejones son muy comunes y diversos en Colombia y Venezuela, donde también
hay páramos, mientras que en el Ecuador sólo están en el norte y representados
por una especie. No, perdón… también hay unos frailejones muy raros,
gigantescos y separados por cientos de kilómetros de sus parientes, en las
misteriosas montañas de los Llanganatis. ¿Puedes tratar de explicar cómo
llegaron allá?
Pantanos y desiertos
Otros páramos, especialmente los que dan hacia el oriente, son muy húmedos.
Se puede decir que todos estos páramos forman un gigantesco pantano. Las
condiciones de vida para la gente allí son muy difíciles y por eso algunos de
estos páramos se conservan como debieron haber sido hace miles de años. En
otros casos, los páramos crecen sobre arenales secos, como en el Chimborazo.
Aquí la especie de paja es diferente a la común en la mayoría de páramos y las
condiciones ambientales hacen que la vegetación sea más rala. La fragilidad de
este ecosistema es muy alta, y en muchos lugares este ecosistema está muy
degradado.
A más de estos páramos especiales no se puede olvidar uno que sólo se
encuentra en las provincias de Loja y Zamora, en el sur del país. Allí está en
Parque Nacional Podocarpus, y en sus partes más altas encontramos un páramo
lleno de plantas extrañas, mucha de las que no hay en el resto de páramos.
Especialmente existen una gran cantidad de arbustos, una especie de bambú de
altura y un pariente de la piña que prefirió irse a las montañas.
¿DÓNDE ESTÁ EL PÁRAMO? Regresar
El nombre páramo se usa en
Sudamérica
La palabra páramo viene de un vocablo antiguo de los pueblos celtas que
poblaban España antes de la llegada de los romanos que se incorporo al idioma
español moderno. Significa “lugar sin árboles” y fue usado por los
conquistadores porque, al parecer, encontraron un parecido entre las partes
altas de las montañas andinas con los lugares sin árboles de Castilla y otras
partes de la península ibérica a los que llamaban precisamente páramos. Pero,
como hemos visto, a pesar de que los páramos no se caracterizan por tener
bosques extensos, sí tienen árboles. Esta palabra se usa en Sudamérica, en los
cuatro países donde hay este tipo de ecosistema (Venezuela, Colombia, Ecuador y
Perú), y también en Panamá y Costa Rica, donde hay pequeñas extensiones de
páramo en sus montañas más altas. En el Perú también es común referirse a ellos
como “jalcas”. Es una pena que en los demás países se hayan perdido los nombres
que seguramente existían antes de que el vocablo español se hiciera común.
Para tener páramos se
necesitan solo dos cosas: montañas muy altas y una posición tropical
El que los páramos sólo se hallen en los países señalados en el punto
anterior y no, por ejemplo, en México o Brasil, se explica por las dos
características básicas que deben coexistir para que haya páramo: una gran
altitud sobre el nivel del mar, y una posición ecuatorial. México tiene
montañas altas, pero no está en la zona ecuatorial, mientras que Brasil tiene
una buena parte de su gran extensión cerca de la línea Ecuador, pero no tiene
montañas muy altas.
Si esas son las dos condiciones básicas para tener páramos, podemos tratar
de hallar otras partes del planeta donde existan ¿Puedes pensar en algunas
regiones de
En el África no se utiliza el nombre de páramo sino varios nombres autóctonos
y uno más técnico: El Cinturón Afroalpino. Este nombre, que nos hace más bien
pensar en Europa por lo de “alpino”, viene dado porque los primeros
investigadores eran de Europa y siempre comparaban lo que encontraban en otras
regiones con lo que tenían en su propio continente. Así, a las partes altas de
las montañas africanas les dieron el nombre de “afroalpino”. Lo de “cinturón”
viene porque este ecosistema forma una banda en las cimas de las montañas, por
debajo de las nieves y encima de los bosques. En la actualidad el nombre de
páramo está siendo usado más y más en las publicaciones científicas para
denotar todos los ecosistemas de estas características en el planeta.
También en el Asia y en Oceanía se pueden encontrar las dos condiciones
fundamentales para tener páramos. En el país de Papúa Nueva Guinea, en la isla
de Nueva Guinea que está entre Asia y Australia, también hay grandes montañas
en la zona ecuatorial. Incluso en lugares tan poco “parameros” como Taiwán y
China se pueden encontrar pequeñas extensiones de este tipo de ecosistema. Hay
ecosistemas parecidos a los páramos en varias partes del mundo. Las partes
altas de Escocia tienen un paisaje que recuerda a los páramos, lo mismo que las
montañas hawaianas y las de Nueva Zelanda. En la parte sur del Perú, en Bolivia
y en Argentina se ha establecido un ecosistema pariente cercano del páramo,
pero más seco y con estaciones anuales, llamado puna.
¿PARA QUÉ
SIRVE EL PÁRAMO? Regresar
Todo ecosistema sirve para
sostenerse a sí mismo
La naturaleza nos provee de todo lo que necesitamos para vivir. Incluso
cosas como los remedios que se hacen en los laboratorios farmacéuticos tiene su
origen en plantas y animales. Esta utilidad de los ecosistemas y las especies
nos hace pensar siempre en que los elementos de la naturaleza deben servirnos a
nosotros para algo, pero también podemos pensar que no necesariamente la utilidad
de la naturaleza se refiere a los usos que nosotros los seres humanos extraemos
de ella.
Los ecosistemas funcionan porque se han establecido relaciones, a veces muy
complejas, entre los elementos vivos y no vivos que los constituyen, y el
páramo no es una excepción. Desde las plantas, que hacen fotosíntesis para
hacer más plantas y mantener el ciclo vital del ecosistema, pasando por los
herbívoros como los conejos, siguiendo por los carnívoros como los grandes
búhos, gavilanes y felinos, hasta las bacterias y hongos que descomponen la
materia orgánica para devolverla al suelo, todos los seres vivos del páramo
interactúan y conforman un ecosistema dinámico que se mantiene.
Los páramos, ¿sitios poco
útiles?
Sin embargo, también es válido analizar la utilidad de los ecosistemas para
las poblaciones humanas. Tal vez creas que los páramos no sirvan para mucho.
Después de todo, son lugares lejanos, fríos, con una diversidad de formas de
vida interesante pero no espectacular como la de la selva amazónica… Son lugares
a los que vamos de vez en cuando para disfrutar de un bonito paisaje pero no
mucho más. Si crees eso, con lo que viene cambiarás completamente de parecer.
Si ya sabías que los páramos son muy útiles, entonces refresca tu memoria:
Vivienda, comida, medicina y
leña hechas en los páramos
La utilidad directa de los páramos es variada. El pajonal sirve para hacer
viviendas, para dar de comer al ganado, para hacer fuego y para hacer camas
para animales pequeños como los cuyes. Muchísimas plantas del páramo sirven
para medicinas. Por ejemplo, el sunfo, una planta muy pequeña que crece bajo la
paja, es la materia prima para hacer un agua medicinal exquisita, mientras que
las peludas hojas de los frailejones sirven para curar los dolores de
articulaciones. Los mortiños se usan para comer, para hacer helados y, más que
nada, como un ingrediente básico de la colada morada de Semana Santa. Árboles
como los yahuales son usados para hacer leña y postes de alambrado. Hay mucha
gente que vive en el páramo o muy cerca de él. Es en general gente pobre y
marginada pero que ha generado una cultura rica que lucha por sobrevivir
Paisajes para sobrecoger y contentar
el espíritu
Los paisajes de los páramos son muchas veces espectaculares y nos sirven
para regocijarnos y escapar del ruido de la ciudad y de su aire contaminado. Al
ir a un páramo podremos contemplar un nevado reflejado en un lago creado por
los glaciares, varios pajaritos menores revoloteando, incluso un colibrí y
hasta gaviotas andinas y curiquingues, con un poco de suerte podremos ver un
cóndor o un lobo de páramo, y con mucha suerte un oso de anteojos que ha subido
del bosque para zamparse una achupalla como si fuera una alcachofa gigante. Hay
conejos, gatos de páramos, muchas especies de roedores pequeños, insectos,
huacsas --uno de los pocos reptiles que llegan a estas alturas-- y (aunque cada
vez menos) sapos y ranas. Los caballos salvajes y las ovejas, aunque no sean
propios del páramo y le hayan causado bastante daño, también son a veces parte
de los atractivos del páramo. Las cascadas, riachuelos y pantanos completan un
panorama.
El líquido vital que viene
de las alturas
Pero el mayor uso que les dan los seres humanos al páramo está fuera del páramo. Los suelos de los
páramos funcionan como esponjas que recogen el agua de las lluvias y los
deshielos, y la sueltan de manera limpia y constante hacia las tierras bajas.
Allí sirven para regar los campos donde se producen los alimentos, para generar
energía hidroeléctrica en las centrales hidroeléctricas, como paute y Agoyán, y
para que podamos tener agua potable en nuestras casas, colegios, industrias y
oficinas. La próxima vez que prendas un foco, que enciendas una computadora o
una televisión, que te comas un tomate o que te laves las manos o los dientes,
piensa que estás usando el páramo.
Todas las ciudades de
Los suelos del páramo
también ayudan a controlar el calentamiento global
Los suelos del páramo son maravillosos. A más de recoger y distribuir agua
también ayudan a paliar el terrible calentamiento global del que tanto se habla
en estos días. Por una concentración excesiva de gases de invernadero como el
CO2, debida a la industrialización, a los automóviles y a otras causas
generadas por la humanidad en los últimos tiempos, el planeta se está
calentando. Las consecuencias serán el incremento del nivel de agua en los
mares, la desaparición de los glaciares en las montañas, cambios en los patrones
del clima, epidemias, huracanes más fuertes y frecuentes, y muchas otras que harán muy difícil la vida
nuestra y de las demás especies con las que compartimos el planeta.
El suelo del páramo es muy rico en carbono. Si no lo cuidamos, todo ese carbono
permanecerá allí y servirá como la esponja recogedora de agua de la que hemos
hablado. Pero si se daña, por ejemplo quitando toda la vegetación o
pisoteándolo, ese carbono se convierte en CO2 y se va a la atmósfera,
colaborando a calentar el globo.
¿CÓMO ESTÁ EL
PÁRAMO? Regresar
Los seres humanos hemos
usado el páramo desde hace mucho tiempo
Hay indicaciones de que el ser humano llegó a nuestras tierras hace unos
10.000 años. Ya desde esa época parece que subió a las montañas y usó el
páramo. Al principio sólo debe haberle servido para poner miradores o para
recoger paja y cazar venados y conejos. Con la llegada de los Inkas, en el
siglo 15, llegaron también muchos rebaños de llamas y alpacas. Estos parientes
andinos de los camellos, a pesar de que no parecen ser nativos de lo que hoy es
el territorio ecuatoriano, son muy típicos de los páramos. Los Inkas también
usaron el páramo para que por allí corriera parte de la gran avenida que
cruzaba el Tahuantinsuyo, el Qapaq Ñan o Gran Camino. Todavía se encuentran vestigios
de esta gran construcción en algunos sectores de los Andes, como la fortaleza
de Ingapirca en la provincia de Cañar.
Los españoles trajeron
vacas, ovejas y pobreza
El uso más fuerte de los páramos llegó con la invasión española. Los
conquistadores, considerando que estos parajes no servían para mucho,
pretendieron darles un uso parecido a lo que sucedía en su madre patria. Así
llevaron a las alturas andinas animales exóticos y muy diferentes a los propios
del páramo: vacas, caballos, ovejas y chivos. El impacto de estos animales
sobre el ecosistema es muy negativo. Las vacas, por ejemplo, aplastan el suelo
con sus grandes cascos y hacen que la esponja pierda su capacidad de retener y
distribuir agua. Los borregos, a su vez, arrancan las plantas de raíz, impiden que
crezcan nuevas plantitas y dejan al descubierto el suelo, que se daña.
Las haciendas y
La gente que vive hoy en el páramo es generalmente indígena y habla kichwa,
y vive en condiciones de pobreza. Los españoles establecieron en toda
Quemas y pinos
Una de las actividades dañinas más comunes en los páramos es la quema del
pajonal. La gente piensa que las vacas prefieren la hierba tierna y verde y no
el pajonal maduro. Por eso quema extensiones, que a veces pueden ser muy grandes, y espera a
que rebrote la paja para que el ganado coma. La quema hace que los páramos se
vuelvan más feos porque cada vez hay menos especies de plantas y animales, y a
que se vaya dañando el suelo, que va perdiendo su capacidad de recoger y
distribuir agua a las tierras bajas. Parece que esta práctica se ha extendido
tanto que muchos de los páramos de pajonal que hay hoy día son así por la
quema. Ante deben haber sido mucho más diversos. Sin embargo, no necesariamente
todos ellos han perdido su capacidad hidrológica.
Una especie que, como las vacas y los borregos, también llegó a los páramos
y los afecta mucho, es una planta, un árbol. El pino de Monterrey es una
especie nativa de California, en los Estados Unidos, que se ha usado mucho en
varias partes del mundo porque crece rápido y da buena leña. A algunas
personas, sin duda con buenas intenciones, se les ocurrió que para hacer servir
al páramo de algo, había que ponerle árboles, y los pinos parecían los más
indicados. Pero, primero, a los páramos no hay que hacerles nada para que
sirvan de mucho, como hemos visto. Segundo, el pino de Monterrey no resultó ser
una especie apropiada y más bien seca el suelo, espanta la biodiversidad, no
produce tanto como se esperaba y ha cambiado drásticamente el paisaje natural
de algunos páramos, como los de El Boliche en el Cotopaxi.
El páramo hoy: un mosaico
de estados de salud
Se puede decir que un ecosistema está sano o enfermo, como si se tratara de
una persona. Cuando un ecosistema está sano, tiene mucha diversidad, produce
muchos beneficios para los seres humanos, puede recuperarse si es que se
altera, etc. Por el contrario, un ecosistema enfermo es monótono, no sirve de
mucho, cada vez está más y más enfermo. La gente que está relacionada con estos
ecosistemas también refleja su estado: en un ecosistema sano la gente está
lozana y feliz; en uno enfermo, la gente está triste y delicada.
No se puede decir que el páramo en el Ecuador está sano o enfermo, pues
depende mucho de dónde estemos. Hay algunos páramos que están muy sanos, porque
están en sitios muy alejados y con climas difíciles, como los que dan hacia
¿QUÉ PODEMOS
HACER POR LOS PÁRAMOS? Regresar
Un esfuerzo de todo el
mundo
La gente que vive en los páramos se da cuenta de que el estado de salud del
ecosistema no es bueno. Ven, por ejemplo, que cada vez hay menos agua, que cada
vez hay menos vegetación para recoger leña, que mientras más se sube con la
agricultura, menos papas se producen. Las comunidades parameras saben que hay que
hacer algo y están diseñando, con la ayuda de varias instituciones del Estado y
de la sociedad civil, planes de manejo de los páramos. Estos son procesos que
le dicen a la gente qué se puede hacer y dónde se puede hacer. No se puede
dejar de usar el páramo de la noche a la mañana porque, de todas maneras, es lo
que les da de comer. Pero sí se puede, por ejemplo, dejar de quemar grandes extensiones
de páramo, o dejar de desecar los pantanos. También se pueden cambiar las vacas
por alpacas, que no casi no dañan el suelo del páramo y producen fibras y
alimento.
Los gobiernos locales interesados, es decir, los de las provincias,
cantones y parroquias donde hay páramo, están empezando a tomar cartas en el
asunto de conservar los páramos, tanto para ayudar a la gente que vive allí
como para resguardar el servicio de agua hacia las tierras más bajas. El
municipio de Quito, por ejemplo, destina 25% de la recaudación de agua para un
fondo especial de conservación de las fuentes de agua en los páramos. Otros
ejemplos vienen de Cuenca, Pimampiro y Guamote. El Municipio de Cuenca está a
cargo del Parque Nacional Cajas, de donde viene mucho del agua de la ciudad. En Pimampiro, la gente que usa
el agua abajo paga a la gente que cuida el páramo arriba para que siga manteniendo
sanas las fuentes de agua.
No hay que vivir en el
páramo para hacer algo por él
Si ya sabes que cada vez que enciendes un foco o bebes un vaso de agua
estás usando el páramo, entonces ya sabes que tú también tienes que hacer algo
para que este ecosistema esté lo más sano posible. Es, por un lado, una cuestión
de solidaridad: hay gente en el páramo a la que le estamos pidiendo, y hasta
reclamando, que no dañe el páramo porque nos deja sin agua, pero no hacemos
nada por colaborar con esta tarea fundamental, y encima encomendada a personas
con muy pocas alternativas económicas. Por otro lado, es una cuestión de
supervivencia: si se acaban de dañar los páramos, nos quedaremos sin agua. Si
nos quedamos sin agua…
Todos los días, al cuidado
del páramo
A más de considerar seriamente la posibilidad de colaborar por medio de un
pago directo a la empresa de agua potable o de riego por el agua y no sólo por
el servicio, hay muchas otras cosas que puedes hacer desde tu casa, tu escuela,
tu colegio, tu lugar de trabajo. Si estamos hablando de agua, lo menos que
podemos hacer es ahorrar el líquido vital. Parece mentira, pero en Quito, por
ejemplo, desperdiciamos casi la mitad del agua que sale de los grifos o de las
mangueras. Si no malgastáramos el agua de esa manera, el municipio no tendría
que estar buscando otras fuentes de agua ni generando grandes proyectos para
traer agua para Quito, incluso de ríos que drenan hacia el Amazonas. El desperdicio
también se da porque mucho de la infraestructura (tubería, tanques, etc.), está
en mal estado, filtra y gotea.
Haz clic aquí para ver como puedes ahorrar agua en tu casa, escuela o lugar
de trabajo.
Otra forma de colaborar con la conservación de los páramos es eligiendo
autoridades que ofrezcan alternativas factibles (o sea, que se pueden hacer en
la realidad) y efectivas (o sea, que realmente tienen un impacto positivo). Y algo
que tal vez es más importante: debemos velar porque esas autoridades, una vez
elegidas, cumplan con lo ofrecido en la campaña. No hay peor corrupción que hacer
desperdiciar un voto a través de ofrecer maravillas, para luego sólo engañar y
evadir responsabilidades.
Si todavía no tienes edad para votar, ten en cuenta que después de pocos
años ya serás no sólo capaz de seleccionar a la gente que va a tomar las decisiones
por ti, sino que tú puedes ser candidato o candidata y proponer directamente
los cambios por una sociedad más solidaria, equitativa y natural. Aunque todavía
te parezca un poco exagerado, velar por la salud del páramo es velar por el
buen futuro de nuestra sociedad.