Mi Páramo y Yo

Bienvenida, bienvenido a la página donde te enterarás de lo que es el páramo y por qué es tan importante para ti, tu familia y todo el mundo

 

 

 

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¿QUÉ ES EL PÁRAMO?       Regresar

 

Miremos hacia las montañas

Cuando miras hacia las montañas, por ejemplo el Pichincha, el Imbabura o el Altar, ¿qué ves? En algunas de las montañas notarás que la parte más elevada tiene manchas blancas. Es la nieve. En países tropicales como el Ecuador, sólo cae nieve en las cimas andinas. En algunos de los volcanes más elevados, como el Chimborazo, el Cayambe y el Cotopaxi, la nieve llega a formar masas de hielo gigantescas, llamadas glaciares. ¿Sabes dónde más se encuentran los glaciares? También están en otras montañas del mundo, como en los Alpes en Europa, los Himalayas en Asia y los montes del oriente de África, y en las áreas del planeta cercanas a los polos.

 

 

La nieve y los glaciares son el límite superior del páramo

Los glaciares avanzan y retroceden conforme el planeta se enfría o se calienta. A lo largo de la larga historia de la Tierra ha habido muchos avances (llamados “épocas de hielo” o “glaciaciones”) y retrocesos (llamados “interglaciares”). Este movimiento, lento pero muy poderoso, ha cambiado el aspecto de una buena parte de la corteza terrestre. Cuando vas, por ejemplo, desde Quito hacia el oriente por la carretera a Baeza, mucho del panorama de las partes altas de las montañas que observas fue esculpido, hace miles de años, por el hielo que avanzó y retrocedió como una inmensa pala mecánica.

 

Una de las principales consecuencias del terrible calentamiento global del que tanto se habla en estos días, es que los glaciares se están derritiendo. Si quieres saber más sobre el calentamiento global y sus consecuencias, mira el documental “Una Verdad Incómoda” o visita estas páginas:

 

·        Gráficos que muestran la evolución de las temperaturas desde finales del siglo XIX NASA (en inglés)

·        Consenso científico sobre el calentamiento del planeta, resumen realizado por GreenFacts de un informe del IPCC

·        Nodo informativo sobre Cambio Climático (ONGs) - Información sobre Cambio Climático en Español

·        Cambio Climático Global y Calentamiento Global - Análisis, datos, noticias y más

·        Calentamiento global e impacto en los mares

·        Críticas al IPCC y al protocolo de Kyoto

·        El calentamiento Global: Efectos Biológicos

·        El efecto invernadero y el clima

·        Autos y contaminación

·        Stop Global Warming (texto en inglés).

 

 

Plantas superduras en el superpáramo

En estos sitios de hielo eterno no puede haber vida, pero un poco más abajo ya hay algunas plantitas que viven entre las rocas. Éstas ya son las partes más altas de los páramos. Se trata de plantas muy resistentes, que soportan un suelo pedregoso y duro, mucho frío, poco oxígeno y unos rayos solares muy fuertes al mediodía. Éste es uno de los sitios más inhóspitos de la Tierra. Nos encontramos a unos 5.000 metros de altura y el sitio es conocido como el “superpáramo”. Algunas de las plantas que están aquí arriba son las chuquiraguas y algunos sigses muy resistentes.

 

La paradoja del Sol que quema en el frío

¿Por qué hace frío acá arriba si estamos en la zona ecuatorial del planeta? Porque la capa de aire que hay sobre nosotros en ese punto es muy delgada y no puede retener el calor, que entra desde el espacio, rebota y sale. En las partes más bajas, la capa gruesa de aire impide que el calor rebote al espacio, y así se concentra y nos calienta.

 

Pero, al mismo tiempo, en el páramo los rayos solares queman mucho… Te vas a dar cuenta d que tu nariz se pone roja muy pronto si la proteges… Esta aparente paradoja se resuelve así: los rayos que calientan no se quedan porque la capa de aire es delgada. Pero también porque esa capa de aire es delgada, no funciona muy bien como filtro antisolar, de modo que los rayos que llegan a nuestra piel nos queman más que en tierras bajas. En los páramos siempre debes usar protector contra el Sol, incluso si hace mucho frío.

 

Ahora sí estamos en el páramo

Si bajamos un poco más, veremos que la cantidad de plantas empieza a aumentar. Todavía hace mucho frío, viento, y los rayos solares siguen quemando nuestras narices y orejas mucho más rápido que en las tierras bajas. Pero el suelo ya no es tan pedregoso, y ya se nota agua líquida corriendo por aquí y por allá y formando pequeños pantanos y lagunas. La nieve sólo cae de vez en cuando, aunque casi siempre está amenazando lluvia y hay mucha niebla. A primera vista nos puede parecer que lo que más hay es paja. Efectivamente, muchas plantas que se parecen un poco al trigo y que forman penachos de color dorado, son las que dominan el paisaje. Estamos a unos 4.000 metros de altitud.

 

El páramo, mucho más que pajonal

Si ponemos atención nos daremos cuenta de que hay mucho más que pajonal en el páramo. Entre la paja crece una cantidad de hierbitas que se protegen de las inclemencias del tiempo escondidas en el pajonal. Además, hay arbustos con flores de muchos colores y hasta podrás encontrar de vez en cuando un árbol; en ciertos sitios incluso hallarás pequeños bosques.

 

Las plantas de los páramos están adaptadas a los climas extremos del páramo, que se pueden describir con esta frase famosa: “invierno todas las noches, verano todos los días”. Si haces una medición de la temperatura a lo largo del año, verás que la variación a lo largo de los meses no es muy notable. Tal vez habrá unos meses un poco más fríos y lluviosos y otros un poco más secos y menos fríos, pero no más. Pero si haces la medición a lo largo del día, te darás cuenta de que, como dice la frase, en la noche y madrugada las temperaturas pueden bajar de cero, mientras que en el mediodía puede llegar a hacer un calorcito muy agradable. Este clima, en el que las estaciones no se presentan en el año sino cada día, es típico de las montañas tropicales.

 

Los frailejones de los páramos norteños

En algunos páramos especiales, las plantas más visibles son diferentes a la paja. En las provincias de Carchi y Sucumbíos, por ejemplo, los páramos son famosos por que allí crecen por millones los frailejones. Estas son plantas muy extrañas, con grandes hojas peludas (muy raras en las cumbres andinas, donde las hojas casi siempre son pequeñas), y con un tallo que puede alcanzar varios metros de altura, cubierto por un manto de hojas muertas que lo protegen del frío. Estas plantas tienen muchas adaptaciones para soportar el clima extremo del páramo. Incluso tienen un líquido dentro de sus cuerpos que actúa como el anticongelante del radiador de los carros. Es que el agua del páramo, a pesar de que generalmente es muy abundante, a menudo está tan fría que no puede ser aprovechada por las plantas. ¡El frailejón tiene una adaptación hasta para eso! Los frailejones son muy comunes y diversos en Colombia y Venezuela, donde también hay páramos, mientras que en el Ecuador sólo están en el norte y representados por una especie. No, perdón… también hay unos frailejones muy raros, gigantescos y separados por cientos de kilómetros de sus parientes, en las misteriosas montañas de los Llanganatis. ¿Puedes tratar de explicar cómo llegaron allá?

 

Pantanos y desiertos

Otros páramos, especialmente los que dan hacia el oriente, son muy húmedos. Se puede decir que todos estos páramos forman un gigantesco pantano. Las condiciones de vida para la gente allí son muy difíciles y por eso algunos de estos páramos se conservan como debieron haber sido hace miles de años. En otros casos, los páramos crecen sobre arenales secos, como en el Chimborazo. Aquí la especie de paja es diferente a la común en la mayoría de páramos y las condiciones ambientales hacen que la vegetación sea más rala. La fragilidad de este ecosistema es muy alta, y en muchos lugares este ecosistema está muy degradado.

 

A más de estos páramos especiales no se puede olvidar uno que sólo se encuentra en las provincias de Loja y Zamora, en el sur del país. Allí está en Parque Nacional Podocarpus, y en sus partes más altas encontramos un páramo lleno de plantas extrañas, mucha de las que no hay en el resto de páramos. Especialmente existen una gran cantidad de arbustos, una especie de bambú de altura y un pariente de la piña que prefirió irse a las montañas.

 

 

¿DÓNDE ESTÁ EL PÁRAMO?          Regresar

 

El nombre páramo se usa en Sudamérica

La palabra páramo viene de un vocablo antiguo de los pueblos celtas que poblaban España antes de la llegada de los romanos que se incorporo al idioma español moderno. Significa “lugar sin árboles” y fue usado por los conquistadores porque, al parecer, encontraron un parecido entre las partes altas de las montañas andinas con los lugares sin árboles de Castilla y otras partes de la península ibérica a los que llamaban precisamente páramos. Pero, como hemos visto, a pesar de que los páramos no se caracterizan por tener bosques extensos, sí tienen árboles. Esta palabra se usa en Sudamérica, en los cuatro países donde hay este tipo de ecosistema (Venezuela, Colombia, Ecuador y Perú), y también en Panamá y Costa Rica, donde hay pequeñas extensiones de páramo en sus montañas más altas. En el Perú también es común referirse a ellos como “jalcas”. Es una pena que en los demás países se hayan perdido los nombres que seguramente existían antes de que el vocablo español se hiciera común.

 

 

Para tener páramos se necesitan solo dos cosas: montañas muy altas y una posición tropical

El que los páramos sólo se hallen en los países señalados en el punto anterior y no, por ejemplo, en México o Brasil, se explica por las dos características básicas que deben coexistir para que haya páramo: una gran altitud sobre el nivel del mar, y una posición ecuatorial. México tiene montañas altas, pero no está en la zona ecuatorial, mientras que Brasil tiene una buena parte de su gran extensión cerca de la línea Ecuador, pero no tiene montañas muy altas.

 

Si esas son las dos condiciones básicas para tener páramos, podemos tratar de hallar otras partes del planeta donde existan ¿Puedes pensar en algunas regiones de la Tierra donde haya mucha altitud cerca del ecuador? Tal vez te sorprenda darte cuenta de que eso es precisamente lo que sucede en el África oriental. Estamos acostumbrados a pensar en ese continente como repleto de selvas y sabanas, con jirafas, elefantes y leones. Pero si lo pensamos un poco, es fácil captar que en países como Kenia y Tanzania, que están en plena zona ecuatorial, hay montañas muy altas, como el Kilimanjaro y e Kenia. Allí también hay páramos.

 

En el África no se utiliza el nombre de páramo sino varios nombres autóctonos y uno más técnico: El Cinturón Afroalpino. Este nombre, que nos hace más bien pensar en Europa por lo de “alpino”, viene dado porque los primeros investigadores eran de Europa y siempre comparaban lo que encontraban en otras regiones con lo que tenían en su propio continente. Así, a las partes altas de las montañas africanas les dieron el nombre de “afroalpino”. Lo de “cinturón” viene porque este ecosistema forma una banda en las cimas de las montañas, por debajo de las nieves y encima de los bosques. En la actualidad el nombre de páramo está siendo usado más y más en las publicaciones científicas para denotar todos los ecosistemas de estas características en el planeta.

 

También en el Asia y en Oceanía se pueden encontrar las dos condiciones fundamentales para tener páramos. En el país de Papúa Nueva Guinea, en la isla de Nueva Guinea que está entre Asia y Australia, también hay grandes montañas en la zona ecuatorial. Incluso en lugares tan poco “parameros” como Taiwán y China se pueden encontrar pequeñas extensiones de este tipo de ecosistema. Hay ecosistemas parecidos a los páramos en varias partes del mundo. Las partes altas de Escocia tienen un paisaje que recuerda a los páramos, lo mismo que las montañas hawaianas y las de Nueva Zelanda. En la parte sur del Perú, en Bolivia y en Argentina se ha establecido un ecosistema pariente cercano del páramo, pero más seco y con estaciones anuales, llamado puna.


¿PARA QUÉ SIRVE EL PÁRAMO?          Regresar

 

Todo ecosistema sirve para sostenerse a sí mismo

 

La naturaleza nos provee de todo lo que necesitamos para vivir. Incluso cosas como los remedios que se hacen en los laboratorios farmacéuticos tiene su origen en plantas y animales. Esta utilidad de los ecosistemas y las especies nos hace pensar siempre en que los elementos de la naturaleza deben servirnos a nosotros para algo, pero también podemos pensar que no necesariamente la utilidad de la naturaleza se refiere a los usos que nosotros los seres humanos extraemos de ella.

 

Los ecosistemas funcionan porque se han establecido relaciones, a veces muy complejas, entre los elementos vivos y no vivos que los constituyen, y el páramo no es una excepción. Desde las plantas, que hacen fotosíntesis para hacer más plantas y mantener el ciclo vital del ecosistema, pasando por los herbívoros como los conejos, siguiendo por los carnívoros como los grandes búhos, gavilanes y felinos, hasta las bacterias y hongos que descomponen la materia orgánica para devolverla al suelo, todos los seres vivos del páramo interactúan y conforman un ecosistema dinámico que se mantiene.

 

Los páramos, ¿sitios poco útiles?

Sin embargo, también es válido analizar la utilidad de los ecosistemas para las poblaciones humanas. Tal vez creas que los páramos no sirvan para mucho. Después de todo, son lugares lejanos, fríos, con una diversidad de formas de vida interesante pero no espectacular como la de la selva amazónica… Son lugares a los que vamos de vez en cuando para disfrutar de un bonito paisaje pero no mucho más. Si crees eso, con lo que viene cambiarás completamente de parecer. Si ya sabías que los páramos son muy útiles, entonces refresca tu memoria:

 

Vivienda, comida, medicina y leña hechas en los páramos

La utilidad directa de los páramos es variada. El pajonal sirve para hacer viviendas, para dar de comer al ganado, para hacer fuego y para hacer camas para animales pequeños como los cuyes. Muchísimas plantas del páramo sirven para medicinas. Por ejemplo, el sunfo, una planta muy pequeña que crece bajo la paja, es la materia prima para hacer un agua medicinal exquisita, mientras que las peludas hojas de los frailejones sirven para curar los dolores de articulaciones. Los mortiños se usan para comer, para hacer helados y, más que nada, como un ingrediente básico de la colada morada de Semana Santa. Árboles como los yahuales son usados para hacer leña y postes de alambrado. Hay mucha gente que vive en el páramo o muy cerca de él. Es en general gente pobre y marginada pero que ha generado una cultura rica que lucha por sobrevivir

 

Paisajes para sobrecoger y contentar el espíritu

Los paisajes de los páramos son muchas veces espectaculares y nos sirven para regocijarnos y escapar del ruido de la ciudad y de su aire contaminado. Al ir a un páramo podremos contemplar un nevado reflejado en un lago creado por los glaciares, varios pajaritos menores revoloteando, incluso un colibrí y hasta gaviotas andinas y curiquingues, con un poco de suerte podremos ver un cóndor o un lobo de páramo, y con mucha suerte un oso de anteojos que ha subido del bosque para zamparse una achupalla como si fuera una alcachofa gigante. Hay conejos, gatos de páramos, muchas especies de roedores pequeños, insectos, huacsas --uno de los pocos reptiles que llegan a estas alturas-- y (aunque cada vez menos) sapos y ranas. Los caballos salvajes y las ovejas, aunque no sean propios del páramo y le hayan causado bastante daño, también son a veces parte de los atractivos del páramo. Las cascadas, riachuelos y pantanos completan un panorama.

 

El líquido vital que viene de las alturas

Pero el mayor uso que les dan los seres humanos al páramo está fuera del páramo. Los suelos de los páramos funcionan como esponjas que recogen el agua de las lluvias y los deshielos, y la sueltan de manera limpia y constante hacia las tierras bajas. Allí sirven para regar los campos donde se producen los alimentos, para generar energía hidroeléctrica en las centrales hidroeléctricas, como paute y Agoyán, y para que podamos tener agua potable en nuestras casas, colegios, industrias y oficinas. La próxima vez que prendas un foco, que enciendas una computadora o una televisión, que te comas un tomate o que te laves las manos o los dientes, piensa que estás usando el páramo.

 

Todas las ciudades de la Sierra del Ecuador y muchas del Oriente y la Costa dependen del agua de los páramos para seguir existiendo y desarrollándose. Desde los páramos cercanos (y a veces no tan cercanos) viene el agua que va a las acequias y a los tubos que a la final llevarán el agua a los campos y las ciudades. Ten en cuenta que cuando pagamos “el agua” cada mes, en realidad sólo estamos pagando el servicio de que nos traigan el agua a las casas por esos tubos. El agua como tal es gratis. ¿Estarías dispuesto a pagar un poco más en tu planilla por el agua propiamente dicha y por la conservación de los páramos donde se recoge y distribuye?

 

Los suelos del páramo también ayudan a controlar el calentamiento global

Los suelos del páramo son maravillosos. A más de recoger y distribuir agua también ayudan a paliar el terrible calentamiento global del que tanto se habla en estos días. Por una concentración excesiva de gases de invernadero como el CO2, debida a la industrialización, a los automóviles y a otras causas generadas por la humanidad en los últimos tiempos, el planeta se está calentando. Las consecuencias serán el incremento del nivel de agua en los mares, la desaparición de los glaciares en las montañas, cambios en los patrones del clima, epidemias, huracanes más fuertes y frecuentes,  y muchas otras que harán muy difícil la vida nuestra y de las demás especies con las que compartimos el planeta.

 

El suelo del páramo es muy rico en carbono. Si no lo cuidamos, todo ese carbono permanecerá allí y servirá como la esponja recogedora de agua de la que hemos hablado. Pero si se daña, por ejemplo quitando toda la vegetación o pisoteándolo, ese carbono se convierte en CO2 y se va a la atmósfera, colaborando a calentar el globo.


¿CÓMO ESTÁ EL PÁRAMO?           Regresar

 

Los seres humanos hemos usado el páramo desde hace mucho tiempo

Hay indicaciones de que el ser humano llegó a nuestras tierras hace unos 10.000 años. Ya desde esa época parece que subió a las montañas y usó el páramo. Al principio sólo debe haberle servido para poner miradores o para recoger paja y cazar venados y conejos. Con la llegada de los Inkas, en el siglo 15, llegaron también muchos rebaños de llamas y alpacas. Estos parientes andinos de los camellos, a pesar de que no parecen ser nativos de lo que hoy es el territorio ecuatoriano, son muy típicos de los páramos. Los Inkas también usaron el páramo para que por allí corriera parte de la gran avenida que cruzaba el Tahuantinsuyo, el Qapaq Ñan o Gran Camino. Todavía se encuentran vestigios de esta gran construcción en algunos sectores de los Andes, como la fortaleza de Ingapirca en la provincia de Cañar.

 

Los españoles trajeron vacas, ovejas y pobreza

El uso más fuerte de los páramos llegó con la invasión española. Los conquistadores, considerando que estos parajes no servían para mucho, pretendieron darles un uso parecido a lo que sucedía en su madre patria. Así llevaron a las alturas andinas animales exóticos y muy diferentes a los propios del páramo: vacas, caballos, ovejas y chivos. El impacto de estos animales sobre el ecosistema es muy negativo. Las vacas, por ejemplo, aplastan el suelo con sus grandes cascos y hacen que la esponja pierda su capacidad de retener y distribuir agua. Los borregos, a su vez,  arrancan las plantas de raíz, impiden que crezcan nuevas plantitas y dejan al descubierto el suelo, que se daña.

 

Las haciendas y la Reforma Agraria

La gente que vive hoy en el páramo es generalmente indígena y habla kichwa, y vive en condiciones de pobreza. Los españoles establecieron en toda la Sierra las grandes haciendas, en las cuales los nativos, legítimos dueños de las tierras, eran obligados a trabajar como esclavos. Una vez que llegó la Reforma Agraria, las cosas cambiaron un poco. Esta reforma, que recién se dio en el siglo 20,  hizo que los campesinos recibieran tierras para cultivarlas sin depender de las haciendas. Pero éstas lograron mantenerse y hasta ahora hay extensiones inmensas en manos de una sola familia, mientras que a las familias indígenas se les entregaron tierras de baja calidad para la agricultura, como los páramos. Allí estas personas se han visto muchas veces obligadas a realizar actividades que dañan los páramos, como meter vacas y borregos, sembrar papas y otras cosas en terrenos muy altos y empinados, y secar los pantanos.

 

Quemas y pinos

Una de las actividades dañinas más comunes en los páramos es la quema del pajonal. La gente piensa que las vacas prefieren la hierba tierna y verde y no el pajonal maduro. Por eso quema extensiones, que  a veces pueden ser muy grandes, y espera a que rebrote la paja para que el ganado coma. La quema hace que los páramos se vuelvan más feos porque cada vez hay menos especies de plantas y animales, y a que se vaya dañando el suelo, que va perdiendo su capacidad de recoger y distribuir agua a las tierras bajas. Parece que esta práctica se ha extendido tanto que muchos de los páramos de pajonal que hay hoy día son así por la quema. Ante deben haber sido mucho más diversos. Sin embargo, no necesariamente todos ellos han perdido su capacidad hidrológica.

 

Una especie que, como las vacas y los borregos, también llegó a los páramos y los afecta mucho, es una planta, un árbol. El pino de Monterrey es una especie nativa de California, en los Estados Unidos, que se ha usado mucho en varias partes del mundo porque crece rápido y da buena leña. A algunas personas, sin duda con buenas intenciones, se les ocurrió que para hacer servir al páramo de algo, había que ponerle árboles, y los pinos parecían los más indicados. Pero, primero, a los páramos no hay que hacerles nada para que sirvan de mucho, como hemos visto. Segundo, el pino de Monterrey no resultó ser una especie apropiada y más bien seca el suelo, espanta la biodiversidad, no produce tanto como se esperaba y ha cambiado drásticamente el paisaje natural de algunos páramos, como los de El Boliche en el Cotopaxi.

 

El páramo hoy: un mosaico de estados de salud

Se puede decir que un ecosistema está sano o enfermo, como si se tratara de una persona. Cuando un ecosistema está sano, tiene mucha diversidad, produce muchos beneficios para los seres humanos, puede recuperarse si es que se altera, etc. Por el contrario, un ecosistema enfermo es monótono, no sirve de mucho, cada vez está más y más enfermo. La gente que está relacionada con estos ecosistemas también refleja su estado: en un ecosistema sano la gente está lozana y feliz; en uno enfermo, la gente está triste y delicada.

 

No se puede decir que el páramo en el Ecuador está sano o enfermo, pues depende mucho de dónde estemos. Hay algunos páramos que están muy sanos, porque están en sitios muy alejados y con climas difíciles, como los que dan hacia la Amazonía. También, en general, los páramos del Carchi y de Loja están en buenas condiciones de salud. Pero los que están en el centro y hacia el occidente pueden estar realmente enfermos. Son los que más impactos han sufrido por parte del ser humano al estar más cerca y ser más accesibles. Hay páramos como los de las faldas del Chimborazo donde el suelo prácticamente ha desaparecido y se han convertido en desiertos.


¿QUÉ PODEMOS HACER POR LOS PÁRAMOS?       Regresar

 

Un esfuerzo de todo el mundo

La gente que vive en los páramos se da cuenta de que el estado de salud del ecosistema no es bueno. Ven, por ejemplo, que cada vez hay menos agua, que cada vez hay menos vegetación para recoger leña, que mientras más se sube con la agricultura, menos papas se producen. Las comunidades parameras saben que hay que hacer algo y están diseñando, con la ayuda de varias instituciones del Estado y de la sociedad civil, planes de manejo de los páramos. Estos son procesos que le dicen a la gente qué se puede hacer y dónde se puede hacer. No se puede dejar de usar el páramo de la noche a la mañana porque, de todas maneras, es lo que les da de comer. Pero sí se puede, por ejemplo, dejar de quemar grandes extensiones de páramo, o dejar de desecar los pantanos. También se pueden cambiar las vacas por alpacas, que no casi no dañan el suelo del páramo y producen fibras y alimento.

 

Los gobiernos locales interesados, es decir, los de las provincias, cantones y parroquias donde hay páramo, están empezando a tomar cartas en el asunto de conservar los páramos, tanto para ayudar a la gente que vive allí como para resguardar el servicio de agua hacia las tierras más bajas. El municipio de Quito, por ejemplo, destina 25% de la recaudación de agua para un fondo especial de conservación de las fuentes de agua en los páramos. Otros ejemplos vienen de Cuenca, Pimampiro y Guamote. El Municipio de Cuenca está a cargo del Parque Nacional Cajas, de donde viene mucho del agua  de la ciudad. En Pimampiro, la gente que usa el agua abajo paga a la gente que cuida el páramo arriba para que siga manteniendo sanas las fuentes de agua.

 

No hay que vivir en el páramo para hacer algo por él

Si ya sabes que cada vez que enciendes un foco o bebes un vaso de agua estás usando el páramo, entonces ya sabes que tú también tienes que hacer algo para que este ecosistema esté lo más sano posible. Es, por un lado, una cuestión de solidaridad: hay gente en el páramo a la que le estamos pidiendo, y hasta reclamando, que no dañe el páramo porque nos deja sin agua, pero no hacemos nada por colaborar con esta tarea fundamental, y encima encomendada a personas con muy pocas alternativas económicas. Por otro lado, es una cuestión de supervivencia: si se acaban de dañar los páramos, nos quedaremos sin agua. Si nos quedamos sin agua…

 

Todos los días, al cuidado del páramo

A más de considerar seriamente la posibilidad de colaborar por medio de un pago directo a la empresa de agua potable o de riego por el agua y no sólo por el servicio, hay muchas otras cosas que puedes hacer desde tu casa, tu escuela, tu colegio, tu lugar de trabajo. Si estamos hablando de agua, lo menos que podemos hacer es ahorrar el líquido vital. Parece mentira, pero en Quito, por ejemplo, desperdiciamos casi la mitad del agua que sale de los grifos o de las mangueras. Si no malgastáramos el agua de esa manera, el municipio no tendría que estar buscando otras fuentes de agua ni generando grandes proyectos para traer agua para Quito, incluso de ríos que drenan hacia el Amazonas. El desperdicio también se da porque mucho de la infraestructura (tubería, tanques, etc.), está en mal estado, filtra y gotea.  

 

Haz clic aquí para ver como puedes ahorrar agua en tu casa, escuela o lugar de trabajo.

 

Otra forma de colaborar con la conservación de los páramos es eligiendo autoridades que ofrezcan alternativas factibles (o sea, que se pueden hacer en la realidad) y efectivas (o sea, que realmente tienen un impacto positivo). Y algo que tal vez es más importante: debemos velar porque esas autoridades, una vez elegidas, cumplan con lo ofrecido en la campaña. No hay peor corrupción que hacer desperdiciar un voto a través de ofrecer maravillas, para luego sólo engañar y evadir responsabilidades.

 

Si todavía no tienes edad para votar, ten en cuenta que después de pocos años ya serás no sólo capaz de seleccionar a la gente que va a tomar las decisiones por ti, sino que tú puedes ser candidato o candidata y proponer directamente los cambios por una sociedad más solidaria, equitativa y natural. Aunque todavía te parezca un poco exagerado, velar por la salud del páramo es velar por el buen futuro de nuestra sociedad.

 

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